Vale, profe, respira. Sabemos lo que estás pensando: "¿me estáis diciendo que deje de plastificar? ¿A MÍ? ¿La reina/rey del laminado, la persona que ha gastado más rollos de plástico que folios en toda su carrera?"
Sí. Eso te estamos diciendo. Y no, no vas a morir en el intento (lo prometemos, lo hemos probado nosotras mismas 🙋♀️).
Aquí en PPT nos flipa un material bien resistente tanto como a cualquiera. Ese crac satisfactorio de la plastificadora, esas fichas que sobreviven a mil cursos, a las manos pringosas del recreo y hasta a un vaso de agua derramado sin inmutarse... lo entendemos. Pero un día nos paramos a pensar: eso que dura "para siempre" también va a estar "para siempre" en algún vertedero. Y ahí ya no mola tanto.

Nos lo hizo ver una cuenta que seguimos por ahí, @fromwhereiteach, y desde entonces no hemos vuelto a mirar la plastificadora igual. Así que hoy venimos a compartir contigo lo que hemos ido aprendiendo (y aplicando) en nuestra propia aula. Sin dramas, sin renunciar a que el material aguante, y sin gastar el sueldo entero en fundas.
¿Plastificar sí o plastificar no? 🤔
Vamos a plantearlo así: un curso escolar te puede parecer "mucho tiempo" cuando estás en marzo contando los días para el verano. Pero comparado con los mínimo 100 años (¡a veces hasta 1000!) que tarda el plástico en desaparecer... un curso escolar no es NADA.
Así que, antes de meter algo en la plastificadora, pregúntate: ¿esto lo voy a usar de verdad más de una vez? Porque el calendario de cumpleaños que cambia cada septiembre, las fotos de los peques que crecen como la espuma o esa actividad puntual de un día concreto... probablemente no necesiten pasaporte de por vida en plástico.
Vale, ¿y entonces qué hago? 💡
Tranqui, que no te dejamos tirada. Aquí van nuestras alternativas favoritas, las que usamos de verdad en el día a día:
Cartón o cartulina
La opción más sencilla del mundo: imprimes en papel normal y lo pegas sobre cartón (esas cajas que te sobran de Amazon, por ejemplo, le das una segunda vida). O directamente imprimes sobre cartulina, que ya de por sí aguanta bastante más que un folio suelto.

Fundas "de toda la vida"
Esas fundas transparentes que todas tenemos por casa desde el instituto. Metes la ficha, la usas, la sacas, metes otra distinta... y la funda dura literalmente años. Es la reina de la reutilización: un mismo material, infinitas fichas.

Las hay de mil tamaños: A4, A5, para tarjetas, para folio... aquí tienes unas de siempre, estas con solapa autoadhesiva o este pack con varios formatos para tener de todo un poco.

Fundas para escribir
Nuestras favoritas para actividades de práctica: son como una pequeña pizarra blanca en formato funda. Metes la ficha dentro, el peque escribe encima con rotulador de pizarra, borra, y vuelta a empezar. Perfectas para esas actividades que se hacen "una vez y ya" pero que quieres repetir con todo el grupo.

Aquí tienes unas fundas para escribir con sus rotuladores incluidos y, si prefieres que el trazo sea más finito, estos rotuladores de punta fina van genial.
El truco extra que nadie te cuenta
Un material menos "indestructible" también enseña algo: los peques aprenden a cuidarlo. Cuando saben que esa ficha no está forrada de plástico irrompible, la tratan con más mimo. Y oye, eso también es educar.
Y para que un roto o una mancha no te suponga un drama, ten tus archivos bien organizados en el ordenador. Si algo se estropea, reimprimes esa hoja suelta en dos minutos y listo, sin necesidad de gastar plástico de más ni de rehacer todo el material desde cero.
Y ahora la pregunta del millón
¿Te hemos convencido de dejar la plastificadora un poco más descansada? Cuéntanos en comentarios cómo lo haces tú en tu clase, que en PPT nos encanta robaros ideas (con permiso, claro) 😄
Nos leemos, profe. Un abrazo bien grande (sin plastificar, faltaría más). 💛

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